• Viernes, Abril 19th, 2013

En el cuarto capítulo se critica la constante autocitación como medio de justificación de su teoría:

4. Para justificar sus planteamientos recurre constantemente a la autocitación

A la hora de probar sus hipótesis, Lakarra cita continuamente sus propias obras y propuestas como evidencia en favor de la teoría. Todas las evoluciones fonéticas, etimologías o raíces se remiten una y otra vez a sus argumentaciones, sin poder aportar referencias a investigaciones independientes que corroboren lo expuesto. Es de principio a fin una teoría personal del profesor de Gasteiz, iniciada, elaborada y defendida en solitario, con la excepción, claro está, de sus discípulos en la universidad.

El recurso sistemático a la autocitación no suele ser bienvenido por parte de los comités encargados de revisar y decidir qué trabajos son dignos de publicarse en una revista científica. Por lo general se considera que las referencias a los propios trabajos sólo se pueden hacerse con el objetivo de recordar la evolución que ha podido tener la obra del autor a lo largo del tiempo, o bien para aportar trabajos donde se recogen datos de importancia para la tesis, pero nunca como prueba de peso que confirma lo expuesto.

En ningún caso se puede probar una teoría en base a sí misma. El método científico separa con claridad lo que son los datos de las teorías, y jamás las segundas pueden venderse como pruebas de un hecho, sino que se consideran explicaciones de la realidad, susceptibles de ser mejoradas o incluso cuestionadas en el futuro.

El uso y abuso por parte de Lakarra de las autorreferencias a sus obras lo convierte en la única fuente en la que fundamentar sus principios de evolución fonética, criterios etimológicos, desplazamientos semánticos, procesos de gramaticalización, etc, o al menos la principal, con lo cual volvemos a encontrarnos ante una situación de testis unus, testis nullus. Las únicas ocasiones en las que el autor cita obras ajenas suelen ser 1º cuando menciona trabajos de investigadores anteriores, a fin de definir el estado de la cuestión hasta su llegada, 2º cuando trae a colación teorías acerca de otros idiomas que interpreta como supuestamente parecidas a las suyas, 3º cuando incorpora referencias a los trabajos de discípulos a los que dirige y a los de colaboradores cercanos que comparten sus puntos de vista, y 4º cuando realiza duras críticas a los autores y teorías diferentes, el cual suele ser uno de sus hábitos más frecuentes. Nunca observamos que pueda aportar obras de autores independientes que hablen en favor del núcleo de su tesis, por lo que el profesor intercala en sus publicaciones continuas referencias de artículos suyos anteriores, en los que ya entonces se citaba a sí mismo. Si repasamos toda la lista de sus publicaciones nos encontramos con una cadena interminable de textos fundados en autocitas, que a su vez se fundamentan en autocitas anteriores, y éstas en otras más antiguas, y así sucesivamente… Dudamos seriamente que esto se ciña a la metodología científica, ni aun a la deontología profesional.

Si la constante autocitación ya es un aspecto criticable, no lo es menos que la fijación por esta práctica conduzca al autor a citar trabajos todavía sin publicar. Por ejemplo, en Lakarra (2009a) se recogen en la bibliografía un total de 33 trabajos suyos, de los cuales 9 títulos (27,27% de todas las obras citadas) se encuentran en estado de simple manuscrito inédito, sin indicios de salir a la luz en un futuro cercano.

En Lakarra (2011) la cifra de obras no publicadas que se citan asciende a 15 sobre un total de 53 (el 28,3%)… Que más de una cuarta parte de las autorreferencias que ofrece en sus publicaciones no hayan visto la luz y ni siquiera se haya determinado aún si aparecerán en un libro o revista, es inadmisible para un especialista que ocupa una cátedra de tan gran importancia.

Cualquier argumentación sobre la que se pretenda fundamentar una hipótesis debe estar previamente publicada en medios al uso, al alcance tanto de los investigadores especializados como del público en general. Intentar avalar las bondades de una teoría en base a informes fantasma, de los que pocos conocen su contenido, no han sido sometidos a revisión crítica (en ocasiones los títulos sufren cambios según avanza el tiempo, lo que revela continuas reformas del texto[1]), sólo contribuye a dañar la propia credibilidad científica. Por no conocer, no conocemos ni siquiera su tesina de licenciatura terminada en 1984 (Euskal thesauruserako gaiak: Hegoaldeko testuak 1700-1745), ni aun su tesis doctoral de 1994 (XVIII. mendeko hiztegigintzaren etorkiez), que permanece inédita hasta el momento a pesar de haberse leído hace cerca de dos décadas, cuando no pocas de las que ha dirigido se han colgado en internet no mucho tiempo después de haberse defendido, gracias a las facilidades que ofrecen las nuevas tecnologías.


[1] En Lakarra (2008) uno de los manuscritos inéditos citados tiene por título “450 etimologias y subiendo. Materiales para un diccionario etimológico vasco”. En Lakarra (2009a) aparece por el contrario como “500 etimologías y subiendo. Materiales para un diccionario etimológico vasco”, que en 2010 se convierte en “600 etimologías y subiendo” a secas. En 2011 recupera el subtítulo aunque vuelve a aumentar el número de propuestas “750 etimologías y subiendo. Materiales para un diccionario etimológico vasco”, y por fin en 2012 tenemos la nueva versión 817 y subiendo. Raíz, reconstrucción y etimología en el campo vasco”, con cambio radical en el subtítulo.

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